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La frontera ficticia de Trump

Bronwnsville, Texas— El alcalde de esta ciudad texana fronteriza ha estado batallando con una crisis.

La semana pasada, declaró un estado de emergencia. Los drones invadieron los cielos y los vehículos de emergencia circulaban a prisa por las calles. Sin embargo, nada de eso tenía que ver con la inmigración ilegal.

Estaba relacionado con el clima.

Una tormenta muy fuerte causó inundaciones por toda la región del valle del río Bravo en días recientes. La otra crisis, la que el presidente Donald Trump dice que ha estado desarrollándose en la frontera debido a la inmigración ilegal, es en su mayor parte ficticia, dijeron el alcalde Tony Martinez y otros residentes y líderes de Brownsville.

No existe una crisis de seguridad en la ciudad de Brownsville”, dijo Martinez, quien vive en la ciudad desde finales de la década de 1970. “No hay tiroteos. La mayoría de la gente que está llegando es de Centroamérica. No es que estén llegando a tratar de quitarle el trabajo a nadie. Solamente están tratando de salvar sus vidas. Estamos bien, francamente”.

Martinez es un demócrata en un estado de mayoría conservadora, y muchos republicanos en Texas, al igual que Trump, han expresado alarma por la gran cantidad de migrantes que aún llegan a Texas.

Sin embargo, existe evidencia en datos federales y en lugares como Brownsville de que la crisis migratoria de la que Trump habló la semana pasada para justificar la separación de familias en realidad no existe.

No ha habido un incremento drástico general de la cantidad de inmigrantes que cruzan la frontera, y aunque la escabrosa frontera que corre a lo largo del valle del río Bravo ha sido desde hace mucho un punto de tránsito para las drogas y los problemas que las acompañan, la violencia de la guerra del narcotráfico mexicano rara vez se filtra a Estados Unidos.

Con declaraciones y comunicados de prensa durante la semana pasada, Trump ha hecho sonar repetidamente alarmas sobre la “crisis” y el “desastre” de la migración ilegal en la frontera suroeste.

En un evento el viernes con familias cuyos seres queridos han muerto a manos de indocumentados, Trump sugirió que los inmigrantes cometen más crímenes que los ciudadanos. Asimismo, durante un mitin de campaña el miércoles, dijo que “la inmigración ilegal le cuesta a nuestro país cientos de miles de millones de dólares”.

“Tenemos que hacer algo en cuanto a la inmigración en este país”, dijo Trump en una junta con su gabinete el jueves. “Durante 50 años, y desde mucho antes, ha sido un desastre. Pero en los últimos veinte o veinticinco años se ha puesto peor”.

Los números sugieren que eso no es verdad.

Los cruces sin autorización a lo largo de la frontera con México han disminuido drásticamente en las dos últimas décadas, según datos del gobierno. De 1980 a la mitad de la década del 2000, el gobierno reportó que apresó cada año aproximadamente de un millón a 1.6 millones de personas que intentaron cruzar la frontera suroeste de manera ilegal.

Esa cantidad ha disminuido a la mitad en los años recientes. Al mes, los arrestos en la frontera tuvieron un promedio de más de 81 mil 588 bajo el mandato de George W. Bush, bajaron a más de 34 mil 647 durante el gobierno de Barack Obama y ahora, en la época de Trump, se han reducido a 24 mil 241.

El presidente está en lo correcto cuando se refiere a un aumento drástico de cruces ilegales en la frontera sucedido en marzo: las 37 mil 393 personas detenidas representaron un aumento del 203 por ciento respecto al mismo periodo en marzo de 2017, aunque la cantidad fue menor que en 2013 y 2014.

Las investigaciones muestran que los índices de encarcelamiento tanto de inmigrantes legales como de ilegales en todo el país son menores que los de estadounidenses nativos, y que el impacto económico neto de la inmigración es positivo.

La referencia de Trump de que la inmigración ilegal le cuesta al país “cientos de miles de millones de dólares” probablemente salió de un estudio fuertemente sesgado realizado por un grupo antinmigración que estableció el costo en 116 mil millones de dólares anuales.

Si eliminamos los errores y hacemos el ajuste correspondiente, sería más preciso decir que el impacto es de entre 3 mil 300 millones y 15 mil 600 millones de dólares, según el libertario Instituto Cato.

Como lo demuestran los números, existe una severa desconexión entre la retórica fronteriza de Trump y la vida real en ciudades fronterizas como Brownsville.

En cierto modo, no es nada nuevo: la retórica de Washington no ha coincidido con la realidad durante décadas, sin importar el tema ni el gobierno en turno. Sin embargo, las descripciones repetidas del presidente de una frontera caótica y atrapada por el crimen han frustrado a millones de estadounidenses que viven y trabajan en la frontera suroeste.

“Existe esta mala percepción de que estamos en una tierra sin ley y de que se trata de la frontera salvaje, y no es así”, dijo el jefe de policía de Brownsville, Orlando C. Rodriguez. “De hecho, hemos visto una tendencia criminal a la baja en Brownsville en los últimos años, y los números siguen mejorando cada año”.

Hubo un total de seis homicidios en Brownsville en 2017, dos más que en 2016. Los casos de agresión agravada bajaron a 259 en 2017, de 264 en 2016 y de 292 en 2015. Hubo 133 robos en 2017, tres más que en 2016, pero menos de los 154 que hubo en 2015. Cuando se le preguntó si la población de inmigrantes no autorizados en la ciudad estaba cometiendo crímenes en toda la región, Rodriguez contestó que definitivamente no era así.

“Simplemente no podemos decir que veamos a los ilegales por todo Brownsville causando problemas”, dijo el alguacil.

En Nogales, Arizona, que colinda y comparte el nombre con una ciudad mexicana, la cantidad de crímenes violentos se desplomó más del 70 por ciento de 1997 a 2016. Tendencias similares se pueden observar en San Luis, Somerton y Yuma. El índice general de crímenes en Arizona también ha caído más de un tercio de 1993 a 2016. Durante el mismo período, la población de inmigrantes no autorizados se duplicó según el Pew Research Center.

Trump muchas veces habla de crímenes cometidos por la pandilla transnacional MS-13 en ciudades tan lejanas de la frontera sur como Nueva York. Los miembros de la pandilla sí son responsables de una ola de violencia, aunque algunos de ellos nacieron en Estados Unidos y la mayoría de sus ataques van dirigidos a las comunidades de inmigrantes.

“Todos estaban haciendo su vida normal, y creo que probablemente en general aún es así”, dijo el representante Filemon B. Vela Jr., cuyo distrito incluye a Brownsville.

“Si estuvieras en la ciudad de Brownsville y quisieras ser testigo de cualquier cosa relacionada con toda esta historia, tendrías que irrumpir en alguna de las instalaciones de Southwest Key para poder darte cuenta de que algo está sucediendo”, añadió, refiriéndose a la organización sin fines de lucro que administra un refugio para niños migrantes en un antiguo Walmart.

Al igual que sucede con otros asuntos, el debate de la crisis fronteriza es partidista. Vela y Martinez, el alcalde, son demócratas, así como muchos otros líderes y residentes de comunidades en una región que ha sido desde hace mucho tiempo un borde azul al exterior de un estado dominado por el rojo.

El liderazgo republicano en Texas considera la situación de manera distinta, y muchas veces ha resaltado la evidencia de asesinatos, ataques, tiroteos y secuestros en territorio texano que dicen que están directamente relacionados con los cárteles mexicanos de la droga.

Aun así, incluso los republicanos del estado han reprobado el último lío creado por la política de cero tolerancia que ha ocasionado la separación de miles de niños migrantes de sus familias. Varios legisladores republicanos, entre ellos el presidente de la Cámara estatal y los dos senadores estadounidenses, se opusieron públicamente a la desintegración de las familias.

De cualquier modo, el viernes por la tarde, cuando los cielos ya estaban secos, al igual que muchas de las calles, la frontera de Martinez se veía y se percibía muy distinta a la de Trump.

Literalmente podías ver, o mejor dicho, oler, costillas de res jugosas, ahumadas hasta por 16 horas, que puedes comprar a 9.49 dólares por 400 gramos en 1848 BBQ, el restaurante que Martinez posee en el centro.

Lejos del antiguo Walmart que se ha convertido en un símbolo nacional de la ahora eliminada política presidencial de separación de familias, en este lugar las pantallas planas de televisión estaban transmitiendo el Mundial de futbol, no las declaraciones en vivo de Trump sobre la inmigración.

Martinez saludó a la esposa del congresista, Rose Vela. El encargado de la parrilla, Abraham Avila, tenía un paquete para ella (y para sus dos bulldogs franceses): huesos de costillas.

En una mesa estaba sentado Hector Rivera-Marrero, de 22 años, quien trabaja medio tiempo en 1848 y obtuvo el grado de licenciado en química en mayo en la Universidad de Texas, campus valle del río Bravo. Rivera-Marrero ha vivido en Brownsville desde que tenía diez años. Su madre es optometrista y él está esperando la respuesta a su solicitud de ingreso a la escuela de medicina.

“Es muy raro porque la gente tiene esta idea, esta noción equivocada de la frontera”, dijo Rivera-Marrero, cuya familia es de Puerto Rico. “Pero en realidad es muy pintoresca, muy relajada”.

Brownsville, una ciudad de 183 mil habitantes, se siente más como un pueblo de mil 830 personas. Las familias han vivido aquí no por años, sino por generaciones, y todos conocen a casi todos, a sus madres y a sus padres.

Los funcionarios locales han estado ocupados con los planes de construir un nuevo aeropuerto. El sitio de lanzamiento de SpaceX se está desarrollando en Boca Chica Village, cerca de Brownsville.

Poco después de que Trump hablara en Washington, Rivera-Marrero salió del restaurante por unas cuantas horas durante un receso largo para comer. En las perversas calles de la frontera, tenía cosas que hacer. Recogió a su hermana de un campamento de matemáticas y llevó su auto a que le rotaran las llantas.

Fuente :diario.mx

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